Los años pasaron y llegamos a la
adolescencia, el grupo de chicos comenzábamos
a hablar de chicas de manera muy frecuente, siempre que le preguntábamos a él cuál
de ellas le gustaba sólo decía que ninguna, pero fuera del “cochineo” casi
habitual a esa edad todo transcurría como siempre. En una ocasión, recuerdo
bien que ya ambos en secundaria, estábamos conversando en su casa y me dijo
algo que me llamó la atención: A él le gustaban los hombres. Dada la formación
que nos da esta sociedad, incluidos muchos colegios y a veces hasta nuestra
propia familia, en ese momento me pareció algo muy raro pero nunca se lo comenté
a nadie. Poco a poco los chicos de la cuadra se fueron enterando o quizá alguno
lo fue notando pero nunca nadie lo trato mal por eso y en una sola ocasión tuvo
alguna pelea con uno por ese tema y recuerdo bien que los que estaban ahí
presentes actuaron en su defensa.
Ya éramos jóvenes y los fines de
semana andábamos en grupo por las noches conversando y tomando algo en la
cuadra, él nos contaba que en muchos otros lugares se sentía discriminado pero,
y a pesar de las malas bromas que a veces hacíamos, con nosotros no sentía que
le pasaba eso. Eso sí, recuerdo que me
marcó mucho que lo que más le dolía era que al divorciarse su madre y su
padre notaba que su padre lo trataba mal al haberse enterado que era homosexual
pues mi querido amigo por quedarse en el barrio se quedó con su padre. Era ya
el año 1999 y un día sábado salió a una fiesta fuera de Lima con algunos de los
chicos de la cuadra, regresaron al día siguiente y en un acto que yo creo usó su
padre de pretexto, lo botó, lo echó, lo
dejó en la calle sin nada por el hecho de haber llegado una noche después. Desde
aquel entonces eso solo lo vi un par de veces más en dos visitas que hizo al
barrio. Nos contó que pensaba irse del país y empezar una nueva vida. Su padre
se fue de la cuadra y por suerte no lo volvimos a ver. A su madre la veíamos esporádicamente
cuando llegaba a visitar a alguna de sus amigas. En las ocasiones que hable con
ella durante esos años me conto que su hijo había estado en Paraguay y Brasil y
finalmente se había ido a Bélgica a vivir.
Años después, el 2009, en un
evento en el local del partido en el que milito, el Partido Socialista, una
persona me llama, volteo y no lo reconozco, él sonrió y no paraba de mirarme,
estaba con el cabello largo, con lentes,
muy delgado para lo que yo recordaba. Era mi gran amigo, solo atinamos a
abrazarnos y decir que habían pasado muchos
años sin vernos, nos sentamos y conversamos un buen rato, me conto todo lo que
había vivido en Europa, con unos
primeros años en donde sufrió discriminación por ser peruano y como para sobrevivir
tuvo que hacer de todo, pero que hacía unos meses antes había regresado y que
estaba dedicado a capacitar a gente de la comunidad LGTBI en temas de prevención
sexual y otros similares. Intercambiamos teléfonos, nos vimos alguna vez más y
hablamos varias otras.
Repentinamente un día me llamó,
me dijo que quería hablar conmigo urgente, que quería verme por algo
importante, quedamos en vernos un par de días después. Nunca más lo vi, al día
siguiente una amiga en comun me llamó para decirme que había muerto, que tenía
algunos días ya en una clínica pero que no quería que nadie se enterase. Entendí
que me había dicho para vernos para poder despedirse de su amigo de la
infancia. Aun me da pena que la muerte no nos dio ese pequeño momento de
despedida.
Ese fue mi amigo, mi amigo Pedro,
o “Pietro” como le decían en la comunidad LGTBI. Yo mañana marcho por ti amigo,
marcho por todas las personas lesbianas, gais, trans, bisexuales, etc., marcho
porque tenemos todas y todos los mismos derechos, marcho para luchar y buscar que
ya no haya ningún tipo de discriminación
en este nuestro país. A tu memoria querido amigo.